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Levantamiento topográfico del río de Labouiche

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1 - La entrada natural

Point 1

El « Fajal », un pequeño arroyo del Macizo del Plantaurel, desaparece bajo tierra en el lugar conocido como « Ayguo Perdent » , « el agua perdida ». Aquí empezaron las exploraciones del río subterráneo de Labouiche por el Doctor Dunac en 1908. Hoy, es una de las dos entradas de la cueva.

  • El « Fajal », un pequeño arroyo del Macizo del Plantaurel, desaparece bajo tierra en el lugar conocido como « Ayguo Perdent » , « el agua perdida ». Aquí empezaron las exploraciones del río subterráneo de Labouiche por el Doctor Dunac en 1908. Hoy, es una de las dos entradas de la cueva.

  • Durante la tercera expedición en 1908, el doctor Dunac y sus dos hijos llegaron hasta esta sala y no pudieron ir más allá debido al sifón, un conducto cegado por el agua, franqueado el año siguiente. Hoy, este pasaje permite evitar algunos des gours y la segunda presa. Se pueden observar numerosas concreciones, en particular algunas elegantes columnas y escarpas vertiginosas.

  • Esta parte, llamada así por su localización entre dos presas, fue explorada por el doctor Cremadells, con la ayuda de E­A Martel, fundador de la espeleología en Francia. Relativamente corta, revela un cambio en el paisaje, por un lado galerías muy estrechas, con pocas concreciones y muchas láminas de erosión, y por otro, grandes y anchas galerías, con pasos casi cubiertos por las concreciones.

  • Es la presa más pequeña de las tres existentes sobre el río y punto final de las exploraciones de 1909. Dependiendo del sentido de la visita, será el primero o el segundo cambio de barca. Además de las concreciones, el visitante puede admirar gours magníficos, pequeñas reservas de agua formadas por los depósitos de calcita.

  • Embarcadero en la parte superior de la pequeña presa. Desde este punto, el visitante tiene acceso a la parte de la visita más alta, especialmente rica en concreciones y propicia a la imaginación y al ensueño. También, es una de las partes más profundas del río.

  • En 1935, Jacques Raynald, joven espeleólogo con 17 años, descubrió esta sala después de una escalada peligrosa. Sin duda, se trata de la sala más rica de la visita, donde el visitante puede ver, de un sólo vistazo, numerosas concreciones : desde las frágiles fistulosas a las columnas espesas, banderolas elegantes y gours poco profundos, sin olvidar, evidentemente las les estalactitas y estalagmitas. En esta sala, el guía explica la formación de las concreciones para conocer mejor el mundo subterráneo.

  • Concreción emblemática de la cueva, situada al principio de un paso estrecho (la « chicane »). Ilustra perfectamente el carácter inmutable de las concreciones ; las estalactitas, se extendieron hasta unirse con las coladas en el suelo y dieron origen a un conjunto potente y ligero. Apodado « el templo de Angkor » por su semejanza con el famoso templo jemer.

  • En esta galería, se puede ver algunas de las formas más destacables de la visita : la almeja gigante, el pequeño Buda y el diente de tiburón, magnífica estalactita con una punta acerada. Cerca del diente, hay una gran estalactita que literalmente bloquea el camino. ¡Cuidado con la cabeza! Antes, cerca de la almeja gigante, era necesario cambiar de barca para continuar la visita, hasta la eliminación, en 1955, del sifón responsable de la molestia.

  • Así llamado porque, hasta los ochenta, un fotógrafo profesional inmortalizaba a los visitantes desde este pequeño promontorio. Aquí hay muchas concreciones y en particular una columna de gran finura. Sin embargo, es el perfecto disco de calcita, terminado en « cola de cometa » por varias estalactitas, que llama la atención. Se trata de una concreción especialmente interesante y muy escasa en Labouiche.

  • Al final del desfiladero, la mayor línea recta del recorrido, el visitante puede admirar la Cascada, punto culminante de la visita. En 1935, tras haber dejado a sus compañeros, Paul Salette, importante figura en la historia de Labouiche, se fue solo a la cabeza de la expedición y alcanzó esta magnífica cascada, que vierte sus aguas en un estanque con una profundidad de casi 3 metros. Siguió explorando unas decenas de metros más allá pero tuvo que pararse a causa de un sifón. ¡Las aguas de apariencia tranquila ocultan una cascada impetuosa porque su caudal puede variar de unos cien litros a casi 1500 litros por segundo en función de las precipitaciones!